Redacción

El momento es ahora

Kevin Cruz

El momento histórico en el que nos encontramos nos obliga a hacer algunas reflexiones, puesto que es evidente que ésta es la oportunidad de cambiar de rumbo y definir un nuevo camino para nuestro país. No puede ser visto este momento como una coyuntura más en la historia de Colombia: indudablemente es el principio de un proceso en el que se pueden alcanzar los cambios estructurales que desde hace muchos años necesitamos para la construcción colectiva de un mejor futuro, claro, eso si logramos entender que está en nuestras manos conseguirlo.

El escenario parece ser prometedor, sin embargo, hay que entender algunas cosas. Actualmente desde los medios masivos de comunicación, somos bombardeados constantemente por un discurso publicitario del «tiempo de la paz» (impulsado por el gobierno) que pretende posicionar a este momento como punto cumbre del proceso de paz: es decir, como si el haber firmado el acuerdo significara haber conseguido la paz en Colombia, de forma instantánea. Esta publicidad genera en simultánea posiciones de rechazo y de apoyo. Divide, polariza. Lo cierto es que para lograr la paz hay que ir mucho más allá.

Persisten problemas de gran importancia que se deben solucionar para consolidar una paz “estable y duradera”. En primer lugar, mientras permanezca un modelo económico que promueva e incentive la competencia como forma de progreso, y perpetúe la desigualdad, el hambre, la falta de educación de calidad, no será posible lograr una paz. Es claro que la intención del gobierno de turno no es conseguir ese sueño del colombiano de a pie, sino que por el contrario, entiende el proceso, como una oportunidad para maximizar sus ganancias económicas incentivando la inversión por parte de capitales privados en territorio colombiano y para perpetuar el modelo extractivista afectando la economía del Colombiano bajo el discurso de la “libre competencia”, que no resulta ser tan libre cuando existe desigualdad de oportunidades para el acceso a los recursos necesarios en el proceso de producción, es decir cuando la igualdad es netamente formal, pero no se materializa.

Esto no significa que no sea partidario de la paz, ni del proceso, creo fielmente que es un buen comienzo y es la oportunidad histórica que tenemos como ciudadanos de lograr transformar nuestra realidad material. Ésta es una provocación —así la entiendo—, para que como ciudadanos entendamos que la realidad social existente no es algo ajeno a nosotros, es algo de lo que hacemos parte y que por lo tanto tenemos la capacidad para transformarla y es nuestro deber hacerlo.

Tenemos la oportunidad, tenemos el escenario, es necesario apropiarnos de nuestra realidad, organizarnos y construir un futuro diferente para los que vienen. La tarea es de todos y todas, no esperemos de nuevo a que decidan por nosotros.

 

Mostrar Más

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mirar También

Close
Close