Redacción

Trabajando en nuestra obra , día tras día

Erika Riscanevo

Quise escuchar las opiniones de algunas mujeres, con hijos de distintas edades, sobre aquello que anhelan recibir para el día de la Madre. Sería lo justo. Este es un escrito para ellas, en su día. Les comparto las respuestas de la gran mayoría:

  • “Besos y abrazos”: ¿por qué algunas mamás quieren besos y abrazos?, porque sus hijos, por circunstancias de la vida, no están presentes, porque no son lo suficientemente cariñosos como ellas quisieran, o, simplemente porque nunca nos cansaremos de sus caricias. Siempre recordamos cuando eran pequeños y nos enternecía alimentarlos, darles calor y mimarlos.
  • “Tiempo en familia”: almorzando o viajando, no hay nada mejor que compartir momentos especiales con las personas que amas. Como escribió una sabia mujer: “más que cosas materiales, son los detalles de amor que mi hijo pueda tener conmigo. Lo material puede estar en cualquier momento, pero el compartir con él es vital, saber que tengo el motivo de mi vida al lado y que Dios ha sido fiel, eso es lo más lindo”. A medida que los hijos crecen, como es normal, van haciendo su propio camino y el tiempo parece ser más corto para disfrutar experiencias que permitan fortalecer los lazos de confianza y afecto entre una madre y su hijo.
  • “Cartas”: el corazón se hincha de alegría cada vez que recibimos cartas donde nos expresan lo importante y valiosas que somos. Y eso pasa precisamente con nuestros hijos desde que empiezan a traernos cartas ya sean las que les han ayudado a hacer sus profesoras o sus papás, estos detalles derriten el alma. Después van creciendo y son ellos mismos los que con su puño y letra nos escriben: “Te amo mamá”, realizando los poemas más elaborados. Lastimosamente, en la mayoría de casos nuestros ‘bebés’ llegan a la edad adulta y las cartas se vuelven cosa del pasado.
  • “Un spa”: la mayoría de mujeres que dieron esta respuesta tienen hijos pequeños, muchas veces queremos levantar las manos, con las múltiples ocupaciones, parece que 24 horas al día no fueran suficientes para todo lo que debe hacerse. Como diría el proverbista, “Siendo aún de noche, se levantan para dar la comida a su familia”. Qué regalo más delicioso que una tarde de “Relax total”, pero si no lo hay, solo basta con una sonrisa de nuestros pequeños para que el cansancio se esfume.

Aquellas mujeres que nos dieron su testimonio son Madres que decidieron combinar este rol con el de estudiantes, empresarias, trabajadoras o gerentes del hogar. Mujeres que están vestidas de fuerza, honor, ternura, afecto y amor; pacientes, comprensivas y resistentes; estas mamás valientes y protectoras han pasado más de una vez por el desierto, han vencido al temor y a la soledad. Madres tan fuertes como el acero, y al mismo tiempo tan frágiles como el cristal.

Al terminar la segunda guerra mundial, Alemania quedó hecha cenizas, la mayoría de sus hombres habían muerto y fueron las mujeres, —muchas de ellas madres—, las que levantaron a todo un país que hoy es protagonista en el escenario sociopolítico internacional. Entre otras cosas, el resurgimiento de esa nación fue gracias al esfuerzo de esas mujeres que a pesar de que lo perdieron todo superaron la adversidad.

En Colombia, las madres también son pilar y sustento. Especialmente las mamás que perdieron a sus hijos en el cruel desarrollo de la guerra, de nuestra guerra. El conflicto colombiano ha dejado enormes heridas en muchas madres, que sin importar el bando o el uniforme, anhelan por sobre todas las cosas que sus hijos estén de nuevo en sus brazos. Ese sería el regalo más grande en su día. Ejemplos como la experiencia de las Madres de Soacha, son un grito de amor y de dolor en medio del ruido que producen las balas y el espectáculo de las banales disputas políticas que circulan como grandes relatos distractores de empresas mediáticas. Para ellas también van dirigidas estas líneas.

En el libro Las Grandes Catedrales de Europa, se muestran imágenes de los detalles de las iglesias más antiguas del viejo continente. En la información general de las catedrales, suele suceder que no aparece la referencia del arquitecto principal, ni mucho menos se reconocen los nombres de quienes dieron forma a estas impresionantes obras. Es muy común ver en este libro la palabra “anónimo”. Creo que las mamás somos esas constructoras que ayudamos a edificar la vida de nuestros hijos. Es sin lugar a dudas un trabajo silencioso, de mucho esfuerzo y sacrificio. En ocasiones pareciera que nadie lo viera, ni siquiera ellos mismos, pero solo al final, después de muchos años, logramos ver que son una gran obra, y que nosotras estuvimos allí: anónimas y ocultas, pero incansables y pacientes. Listas para amar.

Feliz día querida constructora. ¡Feliz día, mamá!

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